Mis queridos amigos:
Jesús anunció el cumplimiento de los tiempos y la proximidad del Reino. Sin embargo, la historia no fluye como un río de curso indefinido, sino que está sumida en la violencia, la injusticia, y si bien el observador que esté atento discierne de ella algunos signos decambios discretos...porque no percibe en absoluto una realización que se corresponda con el sorprendente gozo del Reino ni con las poderosas imágenes que la esperanza de su irrupción suscita. Después del anuncio de Jesús, la historia sigue su curso normal...menos en esto: un grupo procedente del judaismo pretende que el profeta nazareno fue elegido por Dios para llevar la historia a un término benéfico para los hombres, en virtud del poder que le ha conferido resucitándole de entre los muertos. Sus discípulos le confiesan Señor, es el representante de Dios, y ello no por un arbitrario acto de efecto, sino porque quienes le siguen afriman de él que es el Hijo de Dios. Nada extraño es que pueda imprimir un sentido a la historia, puesto que es el Señor de la misma. No la gobierna para beneficio propio, sino de aquellos que a través de la multitud de sus actos la construyen o la destruyen.
La ambición es grandiosa; el proyecto seductor; el término fascinante...pero choca con la obstiana experiencia de que la historia violenta del hombre, injusta e imposible de eliminar y que domina y perdura.
Si la bestia del Apocalipsis es imagen de la perversión que desestructura y deriba las sociedad, el sinsentido es evidente...y el sentido sigue aún oculto.
Por este motivo no vemos el Reino, porque incluso dentro de la Iglesia se dan los valores del "antirreino", los que escalan puestos, los que insultan a los demás cristianos, los que creen poseer la verdad...y en nombre de Cristo, Señor con el Padre, de la Historia, son capaces hasta de matar.
Saludos cordiales
Vàticinus
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