La Iglesia que yo quiero no tiene campanarios: las palomas se encargan de avisar a la gente. Les dicen: ¡Buenos días! La vida sigue viva: ¿vamos a celebrarlo con un poco de vino?
La Iglesia que yo quiero no necesita templos, siempre habrá un parque libre o, si llueve, una casa donde los cortinajes no impidan ver la lluvia (donde la lluvia pueda asistir a la misa).
La Iglesia, la que quiero, no necesita "dogmas"; si estoy vivo, si pienso, si siento tantas cosas, no hay que poner barreras, sino decir a todos que no deben sentarse antes de haber llegado.
¡Claro que en esta Iglesia habrá también un papa!
pero un papa casero, con zapatillas de paño; mas papuchi que papa, más santo que "santisimo" y que se llame Pepe y no se llame Pio.
Los obispos, los pobres, suelen ser gente buena, si no fueran obispos yo creo que serían santos.
En la Iglesia que digo que quiero que sea, ocuparán los cargos gente con experiencia en lo que significa amar y ser amado. Sin amor ¿De qué sirve la superortodoxia?.
Yo imagino una Iglesia que me quiera y me comprenda, porque a veces me caigo, porque a veces me escondo....¡Para que todo el tiempo te manden y te prohiban casi es mejor morirte sin que te echen el agua!.
Por eso es que mi Iglesia va siempre por delante, no se dedica solo a decir:"Hasta aquí" si he decirlo todo, la Iglesia que yo quiero resulta hasta imprudente (porque se fía de Dios).
No importa que la Iglesia tenga la fe o no, o la tenga muy floja; mientras busca y pregunta va por el buen camino, los sistermas teológicos tienen el gran peligro de hacernos creer que Dios es un libro de texto.
La Iglesia que yo quiero, puede que se equivoque, que no acierte a ver claro cómo es de grande Dios; pero será una Iglesia donde cabremos todos y hasta probablemente estemos tan agusto.
La Iglesia que me gusta, la Iglesia que yo quiero, es algo muy sencillo, cosa de gente pobre. No se trata de ir sucios, que te huelan los pies, pero tampoco es eso de ir siempre de domingo. Mi Iglesia tiene humor y cuenta chistes.
Eso sí: como el mundo no es todavía cielo, la Iglesia que yo quiero, anda de catacumbas. Si tuviera dinero, influencias o amigos. Todo sería distinto; pero mejor que no.
Una mierda de Iglesia...diran los entendidos...No se, yo siempre pienso que si a cualquier persona le quitamos la ropa, los oros, los títulos, se queda en muy poquito, pero bueno y auténtico.
Y ustedes me disculpen, si digo lo que siento:
Que putas, marginados, borrachos, pecadores, maricas, drogadictos y gente de este estilo, serán los fundamentos de mi querida Iglesia; porque esos son el barro, los bajos fondos, donde la carne viva del hombre está más cerca....Me acuerdo de Jesús cuando decía: !Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos!"...desde ahí desnudos, libres....la invocación al Padre es más necesitada; Dios no es un Dios de lujos y el amor puede darse más entre los hombres porque se ven enteros...sin falsas fatuidades..
Ya se que a mucha gente la Iglesia que yo quiero no les gusta ni pizca...Habrá que dialogarlo.
Amén Jesús

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