Quiero meditar sobre la esperanza
Mis queridos amigos:
"La vida sólo se puede entender mirando al pasado, pero sólo se puede vivir mirando al futuro" (S.Kierkegaard).
¿Hay realmente un pasado en el que podamos reconocernos?.
¿Hay un futuro hacia el que merezca la pena caminar?.
Mis queridos amigos, no soplan vientos favorables para el optimismo. Nuestros ojos apenas perciben en el pasado razones para esperar un futuro mucho mejor. Parece imponerse una difusa sensación de incertidumbre y de miedo, un miedo que no llega a ser apocaliptico, pero que si encoge el ánimo y las energías.
Miramos al apsado, y vemos una larga sucesión de guerras de vencedores y vencidos. Miramos el futuro y observamos oscuras señales promonitorias, y amenazas muy reales de desastre en marcha: choque de civilizaciones, conflagración económica generalizada, colapso ecológico, circulos infernales de terrorismo y antí-terrorismo.
Hace unos 40 años éramos mucho mas confiados.
El fracaso de la política internacional norteamericana y propuesta de los EEUU que los demas dismilitaricen sus luchas reinvindicativas, mientras ellos continúan igual, es algo tremendo , bochornoso y decepcionante.
Pero esta decepción es preferible al triunfalismo de hace pocos años, pero sigue sin apostar por un futuro ético. Otro ejemplo bien distinto: Arturo Pérez Reverte, observador y narrador amígo,lúcido de guerras en directo hasta hace pocos años, se debate ahora entre la resignación y el cinismo y parece inclinarse a la vieja tesis de que la guerra es el sumo principio que rige la humanidad y a todos los seres vivos, dando por sentado que en alguna guerra todos tenemos que sucumbir alguna vez.
Nunca hemos sabido tanto, nunca hemos tenido tanto, nunca hemos podido tanto. Y, sin embargo, tal vez nunca hunca hemos estado tan desorientados. Las razones para el desaliento se multiplican.
¿Y qué hacemos nosotros, cristianos desconcertados del siglo XXI?...No somos mejores que nadie. compartimos todas las dudas, todos los temores, todos los desalientos. Compartimos toda la desorientación, todas las preguntas y reconocemos todas las incoherencias.
Jesús vivió en una época de sudor y lágrimas. La identidad étnica, cultural y religiosa de Israel estaba fracturada. La tierra de los Padres se hallaba sometida al Imperio Romano, un imperio impio. A la muerte de Herodes El Grande, por los años que nació Jesús, hubo un movimiento bastante generalziado de levantamientos, ahogamos muchso de ellos en sangre.
Galilea estaba regida por Herodes antipas, rey vasallo de Roma. Muchos pequeños labradores se verián obligados a vender su pequeña parcela y eran compradas por los grandes terratenientes. La economía familiar de produción y beneficio dio paso a la miseria mas humillante y los caminos se llenaron de enfermos y de mendigos.
Pero entonces inesperadamente apareció Jesús anunciando una nueva noticia sosprendente: "Dios va a intervenir en vuestro favor"
Enseñó que la ley religiosa está hecha para la vida, y no la vida para la ley y que a Dios le importa la misericordia, no la pureza, ni las liturgias, ni las observancias ni los cánones, ni las tradiciones. que Dios es Abba, padre-madre, y que cuida de la vida...y él se rodeo de hombres y mujeres de mala fama, hasta hacerse llamr amigo de "publicanos y pecadores", de ladrones y prostitutas. Y disfrutaba comiendo y bebiendo alegremente lo mismo en casa de piadosos fariseos que de recaudadores y despreciados y anticipaba la alegría de Dios en nuevo mundo...y contaba maravillosas parábolas y hacía con discursos que las gentes tuvieran esperanza...Y mientras recorría los campos y las aldeas, fue extendiendo una alegre ola de esperanza y de consuelo.
No fue Jesús un iluso. No era un optimismo fácil el que le inspiraba. conocía muy bien la debilidad, la mezquindad, la herida profunda del corazón humano. Conocía muy bien la historia de la esperanza y desengaños de su pueblo.
No tardó en tener que meditar sobre su propia muerte al ver morir a Juan el Bautista.
Pero Jesús no se echó atrás. Asumió el fracaso en la esperanza. abrió paso a la esperanza a través de su propio fracaso. subió a Jerusalén, donde esperaba que Dios habría de intervenir.
Pero Dios no intervino. Su muerte se volvió inminente y comenzó a entender su destino a la luz de los mártires pasados de Israel. Pero una fe más fuerte le hizo ver que Dios jamás abandona a nadie.
Animado por esta fe celebró una cena con sus amigos y les dijo:
Mi fin es próximo no ahí no está el final. el fin será la gran ocasión del comienzo. Será el comienzo del reinado liberador de Diis. Yo estoy dispuesto a entregar como este pan que os entregopara que así suceda. Así sucederá, amigos, no temais. Volveremos a comer y a beber vino alegremente en el banquete del Reino de Dios.
Saludos cordiales
Vàticinus
