Mis queridos amigos:
Cuando Jesús anunció el acercamiento del reino, traía esperanza sobre todo a los pobres. Por eso deberíamos preguntarnos como está la esperanza hoy, más aún: la utopía en este mundo.
Hace todavía poco tiempo, unos 20 ó 30 años se podía hablar de esperanza y también de utopía.
Desde Europa llegaba el anhelo de muchos que decían: "Que el mundo llegue a ser un hogar para el hombre".
En América Latina algunos hablaban de "revolución" y en Medellín de "liberación de todas las esclavitudes".
La utopía y la esperanza estaban vivas pero el capitalismo las adulteró, es decir que ya ha llegado el final de la historia y aunque no se use ese lenguaje ahora, se intenta inyectar que la utopía está llegando con la globalización.
La crítica o los "sabiondos" han desprestigiado la utopía, han puesto fin a los grandes relatos y aconseja, como más razonable, pactar con relatos mas pequeños, lo cual para los ricos significa "moderación", mientras que para los pobres significa "resignación". Si leemos a Dante, cuando habla en las puertas del infierno: "dejad toda esperanza los que entreis a este lugar". Pero la posmodernidad debe tener presente que los "grandes relatos" siguen tan campantes en nuestro mundo, pero desde lo negativo: en Africa, Asia Central, América Latina en su conjunto.
Los cristianos somos un ejercito de derrotados por una causa invencible.
Pero vayamos ahora al Evangelio: En él, el reino es utopía, pero una utopía específica que debe aquilatarse bien. Responde no a cualquier carencia y limitación de los humanos, sino al sufrimiento de los pobres. Y a ella se corresponde con esperanza, alimentada por los signos del reino: curaciones, expulsiones de fuerzas destructoras estén en donde estén, acogida a los despreciados y comida de fraternidad.
Por eso insistimos en la utopía, lugar de lo bueno, e insistimos que no puede ser la utopía de los que no dan importancia al Evangelio, porque para ello hay que trabajar con denuedo hasta revestirla y convertirla en realidad de muerte en una realidad de vida.
Es ahí donde la Iglesia Institución se tiene que "batir el cobre", o en pocos años cae en el descrédito.
Saludos cordiales
Vàticinus