Mis queridos amigos:
El Papado y otras instituciones llamadas cristianas (Opus y similares) se comportan como si no hubiera existido una mutación evangélica, y así han vuelto a construir aquello que Jesús había superado. Por eso descubrimos ahora fascinados cómo, tras veinte siglos de cristianismo marcado por rasgos sacrales del Antiguo Testamento y elementos griegos y romanos, se abre el Evangelio mesiánico y cómo esa apertura, superando de nuevo los sistemas sacrales que Jesús había destruido, disloca nuestras visiones del papado y de las instituciones cristianas. Volvemos así a una situación en la que Pedro y María Magdalena pueden dialogar de nuevo, ejerciendo funciones esenciales, que pueden intercambiarse, sin que el sexo o género suponga impedimento. Cada Iglesia ha de espresarse como hogar y familia donde se "engendra" y acompaña en la fe a los creyentes. Por eso el verdadero padre-madre de los fieles no es el obispo, sino la Iglesia entera, la comunidad, representada por el baptisterio donde los bautizados se introducen y nacen a la vida compartida, en esperanza de resurrrección. Sólo una comunidad que bautiza y se atreve a recibir en su seno fecundo de libertad y comunicación fraterna (gracia compartida) a nuevos miembros, para que puedan creer en plenitud de amor, es verdadera Iglesia. Si un obispo u otra persona usurpa esa función de la comunidad y quiere situarse en el centro de la Iglesia, como padre o madre de los otros, no es cristiano, sino un dictador religioso.
Saludos cordiales
Vàticinus
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