Mis queridos amigos:
No podemos predecir lo que será del Papa en el futuro, pero conocemos lo que ha sido de aquí para atrás y de esa forma le aceptamos, pero si quiere que el cristianismo triunfe ante la humanidad tiene que cambiar al cien por cien.
Pensamos en Roma. Esta ciudad ya no e slo que era en tiempos de Pedro (capital del Imperio, metrópolis de los pobres),y mucho menos d elo que ha sido en dos mil años de historia (lugar de referencia para la Europa Occidental). Hoy ya existen otras capitales y otras metrópolis, tal vez o mucho más que en el sentido religioso, dentro d eun mundo que tiene muchos centros por ejemplo como: Pekin, N.York, La Meca, Benarés, París, Moscú, Sào Paulo, Londres, Bruselas (capital de la UE), aunque el imperio es único y los pobres estan esparcidos por todos sitios y mucho más en los terceros y cuartos mundos.
Roma era lo que Pablo y Pedro conocían y fueron a Roma para pfrecer allí su testimonio, el testimonio de Jesús que ya otros habían fundado, pero para nada se mostraron como que ellos traían la verdad absoluta ni como representantes del poder, ni tampoco como fundadores de una disnastía de papas, nada de eso.
Introducirse la naciente iglesia en la ciudad matrópolis y en el núcleo del Imperio fue muy admirable y muy ambiguo. Los tiempos han cambiado y este cambio no es nada positivo, porque nos sitúa en el mismo estadio que estaban Pedro y Pablo, es decir en el principio, de manera que si queremos ser cristianos debemos salir de las instituciones imperiales de poder, dominadas por el capitalismo, para volver a un tipo de "nuevas catacumbas" si es que no aceptamos (no podemos aceptar) sus principios económicos y sociales.
En tiempos de Pedro había territorios y pueblos "barbaros" o sabios más allá del Imperio (cf Col 3,11; Mt 2, 1-12), pero la nueva dimensión de Europa ha cambiado el poder religioso por el podes político y lo religioso se debe apartar ya del poder económico para no sucumbir en la vorágine de su enfrentamiento con lo socialmente discutido en favor de los pobres.
La Iglesia debe abanderar lo social y la defensa del hombre, el trabajador, el inmigrante, el menos pudiente, porque si así no lo hace su finiquito estará previsto en unos diez años.
Saludos cordiales
Vàticinus