Mis queridos amigos:
Detrás de tanto entusiasmo como levantó y lucióen la Iglesia el Concilio Vaticano II, de tanta vitalidad generosa, han vuelto años muy duros, en los que las luces parecian cuajar en ideologías, y dónde el discernimiento, muchas veces buscado y proclamado, no llegó a encontrar caminos más claros hacia el futuro, aunque intentádolo siempre hemos ido navegando en estos cuarenta años.
Nos pareció que el eje de la vida y la misión, podríamos decir "en el otro estremo", lo configuraba la apertura hacia el mundo, la mirada positiva hacia la sociedad, la cultura, la simpatía como actitud de base, fundante, la capacidad de conectar con las personas y los pueblos, con sus gozos, sus esperanzas, las tristezas y las angustias d elos hombres de nuestro tiempo.
Y el eje de la radicalidad, poco a poco y muy firmemente, se fuen entramando en la opción por los pobres, con el enunciado de la cual se completaba esa primer frase de la Constitución Pastoral...."y sobre todos de los pobres y de los que sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. No hay nada verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazon...."
En ese eje, se puso lo mejor de la vocación y de la vida . es lo que hacia vibrar, lo que hacía optar, lo que nos llevaba a reunirnos, pensar, viajar, rezar, leer, organizar cursillos, prender la TV, sacrificarnos, escribir, hablar y también gritar, estudia run poco y recorrer calles y barrios mucho más. esto se daba en el marco de los sesenta y los setenta, un mundo occidental dominado por las ideologías y donde mucho se influyó en las teologías de la liberación, al mismo tiempo que estas teologñias eran fuertemente inspiradas por el Evangelio que no es ninguna ideología.
El primer impulso del Concilio lo fueron desgastando, desvirtuándolo y se "comieron muchas áreas".
Muchos sectores tradicionalistas de la Iglesia se opusieron fuertemente a la apertura de puertas del Concilio y se fue perdiendo la paz del corazón, la primacía de la fiesta y el don de la gracia y sobre todo el eje de las relaciones humanas.
Una curia que se encastilló para ir dando pasos atrás y volverse inmobilista y entonces la sal se volvió insípida y dejó de notarse, la radicalidad perdió gusto, fuerza y relevancia. Y en medio de tanto ruido casi nadie se plantea ya la vocación religiosa.
Hoy es el día de San José, el día dedicado al seminario y cuando leemos las estadisticas, nos sonrojamos al ver que el Espíritu Santo no sopla donde tiene que soplar.
La sal se ha vuelto insípida y no lo ven, la ceguera es total y los obispos se lamentan de que no hay vocaciones, parece que Dios ha dejado de llamar y de hablar, porque enmedio de la batalla posconciliar es muy difícil escucharlo...pero ¿quien tiene la culpa?...el cierre de oidos ha sido elemental y han tratado a los teólogos más importantes, los que hacían conciencia social para desterrar la maldad y hacer que los jóvenes se entusiasmaran con la ilusión del Reino de Dios promulgado por Jesús, de una forma poco cristiana, suspendiéndolos de cátedra, como a José Mª Castillo, Leonardo Boff, apercibimientos como al difunto Ellacuría, o a Monseñor Oscar Romero, controversias conJon Sobrino, Juan José Tamayo, etc...Moralistas como Marciano Vidal, reconocido por todas las cátedras españolas y europeas, prohibiéndoles escribir, sin que hayan hecho estudios profundos de sus escritos y haciéndoles la recomendación de rectificar párrafos sinorden y sin sentido en las nuevas ediciones de libros, cuando ya estaban en la 10ªo 12ª edición.
No podemos los cristianos comportarnos de esa forma y si no hay vocaciones podemos decir como en el dicho popula: "de aquellos polvos estos lodos".
Saludos cordiales
Vàticinus
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