EL DISCÍPULO AMADO (7)

Nos queda otro tema fundamental ¿Qué es ese algo especial que señalan algunos teólogos en “este hombre”, que se pone en la misma relación que Jesús en que Jesús está con el Padre, que ocupa un lugar privilegiado delante de Pedro; lugar que, por ende, se relaciona con el ministerio pastoral de éste?
A nuestro juicio podría pensarse:
- Que la afirmación evangélica alude a una sustitución de Pedro por el discípulo amado cuando llegue la Parusía.
- Que, en consecuencia, ese “entonces vendrá el fin” de Mt 24,14, no eludiría al fin total de la creación, sino al fin de “otra cosa”. Sugerimos que puede referirse al fin de una era: la era petrina, inclusive la era cristiana en un sentido cultural, como algo equivalente a “civilización occdidental”. No, pues, el fin del mundo, sino, como insinúa René Guénon, el fin de un mundo. (“La crisis del mundo moderno” Ed. Obelisco, Barcelona, 1982 pp.7 y ss.)
-Si nuestras argumentaciones anteriores son válidas, a la sustitución de Pedro por Juan acompañará la sustitución de María de Nazaret por María Magdalena. Posiblemente también, el Hijo por el Espíritu, cuya ascensión a “primer plano” será equivalentea la del Hijo respecto al Padre en el momento del cambio de la Ley Mosaica con la Nueva Ley.
-Finalmente, que el ser, verdaderamente “especial” que nos tiene reservado para tan importante papel es, ni más ni menos, como quedó apuntado en el capítulo anterior, el hijo de Jesús.
¿Puede deducirse del evangelio algo que concrete esta figura con características más sólidas, históricamente hablando, que las señaladas predilección en el amor, seguimiento y anonimato hasta las cercanías de la Parusía?. A nuestro juicio, sí. A nuestro juicio, en el Evangelio hay datos suficientes para deducir que el discípulo amado, el hijo de Jesús y María Magdalena, es Juan Marcos, probablemente el autor, o coautor, en el sentido antes apuntado, del segundo evangelio en su juventud y del cuarto al final de su dilatada vida. Vamos a intentar hacer ver que puede ser así.
El evangelio afirma que el discípulo amado tenía una casa en Jerusalén (Jn 19,27). De esta casa, según pasaje referido, sabemos una cosa con seguridad:
- 1)Estaba en Jerusalén.
- 2)Pertenecía al discípulo amado.
- 3)Acogió a la Madre de Jesús durante su estancia en Jerusalén.
De Jn 20, 1-3 y 10, podemos deducir otros hechos:
- 1) Pedro y el discípulo amado moraban en la misma casa.
- 2) De esa casa sale María Magdalena muy de madrugada y a ella vuelve a contar lo que había visto.
Vayamos ahora a Jn 20, 19-24, en que se narra la aparición de Jesús en ausencia de Tomás. De este pasaje se puede deducir que, en la misma casa de Jerusalén en que moraba el discípulo amado, María Magdalena y Pedro, se habían refugiado también los discípulos. Tengamos en cuenta que el Evangelio, al relatar horas decisivas, no habla más que de una casa, y que cuando Jesús se aparece a María Magdalena y Pedro, se habían refugiado también los discípulos. Tengamos en cuenta que el Evangelio, al relatar horas decisivas, no habla mas que de una casa, y que cuando Jesús se aparece a María la envía a los apóstoles. No sería muy lógico pensar que, en aquellos momentos angustiosos, en que todos estaban encerrados por temor al resto de los judíos, estuviesen diseminados por diversos lugares. La casa de la madrugada del primer día tiene que ser, pues, la misma casa de por la tarde.
Lc 23, 55; 24, 12 nos informa de que en la casa estaban también las mujeres que habían acompañado a Jesús y algunas personas más, porque las dichas mujeres comunican que el cuerpo de Jesús no está en el sepulcro a los apóstoles y “a todos los demás”.
¿Por cuánto tiempo permanecieron los discípulos en esa espaciosa casa?.
San Juan nos informa de que ocho días después de la resurrección todavía estaban allí, esta vez, incluido Tomás (Jn 20,26). En San Lucas leemos que los discípulos debían permanecer en Jerusalén hasta la venida del Espíritu Santo (Lc 24, 49). Los Hechos de los Apóstoles confirman que se cumplió el mandato del Señor. Después de contemplar la ascensión, todos vuelven a la casa (Hch 1, 13-14).Esplicitamente, por otra parte, Lucas empalma el final de su evangelio con el principio de los Hechos. Los apóstoles tiene que permanecer en Jerusalén hasta que sean revestidos del poder de lo alto.
(CONTINUARÁ)