EL DISCIPULO AMADO (5)
Se han hecho muchas conjeturas con el DISCIPULO AMADO y se han propuesto por muchos estudiosos cuatro soluciones:
Primera: la tradicional…Es el apóstol Juan, hermano de Santiago e hijo de Zebedeo.
Segunda: Se trata de un mero símbolo del seguimiento.
Tercera: Era Lázaro vuelto a la vida antes.
Cuarta: Juan Marcos,el Evangelista
A todos nos hemos referido ya los cristianos y mucho más los estudiosos, pero quien debe conocer con mayor detalle las razones que se han esgrimido a favor y en contra de cada una de ellas puede acudir a los comentarios del cuarto Evangelio de Raymond E. Brown y que hemos leído con mucha atención y nos hemos referido muchas veces.
Pero nosotros antes de apuntar nuestra propia solución nos interesa llevar a cabo una operación previa: nos interesa llamar la atención, con al debida fuerza, sobre el hecho de que el evangelista oculte a conciencia la identidad del, aparte Jesús, más importante personaje masculino del Nuevo Testamento, como creemos ha quedado demostrado ¿Quién será?...o se reduce el Evangelio a una especie de broma ridícula, pensando que el Evangelista se dedicaba a plantear acertijos a sus lectores, o aceptamos que esta ocultación tiene un significado MUY ESPECIAL.
Como queremos seguir apoyándonos, hasta el límite de lo posible, en autores de reconocida solvencia, pues leemos sin pestañear a Schnackenburg que él también deduce esta especialísima significación…pero ¿de quien se trataría?.
Comentando Jn 21,20-23, se pregunta el citado autor. ¿La contraposición afecta sólo a las diferentes formas de muerte de ambos discípulos o a algo más fundamental?...¿Ha sido la muerte del DISCIPULO AMADO la ocasión directa para recoger este tema o existe otra explicación al respecto?.
Siguiendo con el comentario: Nada hay en la situación que justifique el que Pedro “se vuelva”…Pedro “ve” o “mira”, al discípulo que Jesús ama y sin más lo pone ante los ojos de los lectores….Resulta sorprendente y extraño la referencia de la escena del Cenáculo. Si la redacción solo quería presentar a aquél discípulo, debería haberlo hecho ya en Jn 21,7. Lo que le interesa al escritor santo es precisamente ahora, es poner una vez más aquella escena ante los ojos creyentes del lector. Allí, el discípulo al que ama Jesús fue presentado como el confidente que estaba cerca de su corazón….¿quien es tan intimo de Jesús como para permanecer junto a su pecho?...todos tenemos hermanos, hijos, etc… ¿Pero que significaba este discípulo por encima de los doce?
El gesto de girarse concentra en él la atención y la pregunta de Pedro con mucha expectación: Señor ¿y éste qué?....En este hombre hay algo especial que se nos escapaba hasta ahora.
(Continuará)