EL DISCÍPULO AMADO (3)
EL DISCIPULO AMADO (3)
Si Jesús ha de permancer (según él) ¿no puede referirse a permanecer en esencia? ¿Y cual es la esencia del discípulo, aparte de ser el amado de Jesús por antonomasia?. Aparte esto, la esencia de ese discípulo en el Evangelio es el NO TENER NOMBRE, el ser desconocido por todos y por todas las generaciones de cristianos “hasta mi venida” ¿quiere esto decir que no va a morir o que se va a suceder de generación en generación?..palabras muy misteriosas del Maestro, pero de gran alcance…..¿por qué ningún evangelista descubre su identidad? ¿hay algo explícito dicho para que nadie lo nombre?
Veamos, por otra parte, el contexto en que todo esto se incluye. En Jn 21, 15-19, hemos asistido a la exaltación máxima de Pedro a su glorificación. A su exaltación como cabeza de la grey y a su glorificación con la palma del martirio. El de la glorificación es un tema rotundamente señalado con el cuarto Evangelista. La glorificación recíproca: “porque glorificar a Dios es ser glorificado por El: “si Dios ha sido glorificado en él. Dios también le glorifica a él” (Jn 13,32)….¿Y cual es la máxima glorificación?...sin duda el martirio: “Nadie tiene mayor amor que este de dar la vida por sus amigos” (Jn 15-13). Pues bien en este contexto de su propia glorificación, es cuando Pedro pregunta: Señor ¿y éste qué´? . Es como si preguntara :¿Cuál va a ser la gloria de éste?...la respuesta de Jesús ya la conocemos: permanecer siendo lo que es “hasta mi venida”.
Sugerimos que esto puede tomarse, debe tomarse, como que el desvelamiento de la identidad del discípulo amado, al igual que “la predicación del Evangelio en todo el mundo como testimonio para todos los pueblos” (Mt 24, 14), constituye una de las señales a las que Jesús aludió con la parábola de la higuera (Mc 13, 28-29); Mt 24, 32-33), una más que está cercano el día y aquella hora que nadie conoce, ni los ángeles del cielo, ni siquiera el hijo, sino sólo el Padre (Mt 24,36- Mc 13,32).
El mandamiento supremo de Jesús. “que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 13, 34,15, 17) lo encarna Juan en grado eminente: “como el Padre me amó, yo también os he amado; permaneced en mi amor” (Jn 15-19). Pero él es, por encima de todos, por esencia el amado de Jesús, y su Epístola es, de todos los libros del Nuevo Testamento, el mensaje del amor, que transmite de parte de Jesús como Jesús lo transmitió de parte del Padre, según le recuerda a Felipe (Jn 14,10).
En la última cena, este discípulo ocupa el lugar inmediato a Jesús, de quien nada le separa física ni tampoco espiritualmente, pues puede ser su confidente (Jn 13,26).
Últimamente, algunos teólogos, se han empeñado en hacer de este discípulo anónimo, y que ocupa un lugar tan relevante en la Revelación como para estar en relación de ser, de amor y de verdad con Jesús de manera idéntica a como Jesús lo está con el Padre celestial, un discípulo del Bautista. Se supone, se sugiere, no se aporta ninguna prueba…pero se da por descontado. Verdaderamente, si se tiene en cuenta la cronología evangélica, si se cuenta “el estilo” del Bautista, lo que exigía a quienes le siguieren y las características que, de acuerdo con todo ello, debían de tener sus discípulos, cuesta verdaderamente trabajo imaginarse a uno de ellos reclinado en el pecho de Jesús durante la cena. Puede no ser un argumento contundente, pero nos parece oportuno señalar que una milenaria tradición artística, cultural y piadosa ha hecho inveteradamente, y con lógica de vox populis de este personaje un ADOLESCENTE: tal vez ese adolescente también innominado, también seguidor de Jesús hasta el final, que en Mc 14,51, se nos presenta envuelto en una sábana tras el prendimiento. Cierto que el discípulo amado es figura exclusivamente de Juan y aquí estamos en Marco, pero no menos lo es que estamos en unos pasajes en los que el cuarto evangelio camina paralelo por los sinopticos (Lucas, Marcos, Mateo) (Mt 26, 47-56; Mc 14, 43-49; Lc 22,47-53; Jn 18,2-11).
Por otro lado, comparte este joven demasiado claramente las tres características del discípulo amado- indominación, seguimiento, amor, como para que no resulte al menos digna de ser considerada la hipótesis de que se trata d ela misma persona.
Volviendo a lo de su edad como prueba de la imposibilidad de que se tratase de un discípulo del Bautista puede que se nos diga que se recostarse en el pecho de Jesús es un símbolo, prueba de su cercanía casi familiar al Maestro.
En tal caso se nos tendrá que explicar por parte de los teólogos, exegetas y la misma Iglesia, por qué su cercanía a Jesús es simbólica y su cercanía histórica al Bautista histórica, y por qué se pueden sacar conclusiones de la relación de dos planos dialécticos tan diferentes. La única apoyatura que se ha esgrimido para hacer de este personaje un discípulo del Bautista es la de la vocación de Andrés y otro discípulo que no se nombra (Jn 1, 37-42), pero de hecho, y aparte la incongruencia ya apuntada, nada hay, como dice Raymond E. Bronw, que identifique a este discípulo innominado con el AMADO.
(continuará)
