En los tiempos que corren ¿quien de nosotros no está más o menos herido por carencias de amor, frustraciones, heridas de la infancia? ¿quien sale indemne del naufragio de las familias, del ciclón de las revoluciones sexuales y culturales?.En este caso, la comunión será para nosotros "ágape-terapia": curación por el AMOR.
Cuanto más descubro las limitaciones, debilidades y fallos de mi hermano, más lo amo, y mi amor más le va a hacer crecer, madurar, curar.
La debilidad de mi hermano, el odio que tiene al mundo, provoca mi ternura, como la mía atrae la de Dios.
Mi hermano se sabe comprendido, se siente mirado y amado, no por lo que parece, ni por lo que diga, sino por lo que es. Puede que sea la primera vez que se siente amado de verdad, simplemente porque efectivamente y aunque diga cosas inconvenientes, lo es. Mira hermano seguro que es la primera vez que eres mirado con admiración; tal vez nadie en tu vida te había admirado de verdad, por eso te comportas así.
Vivir entre nosotros una hermosa confianza mutua será una curación para las heridas relacionales.
Hay muchos que no tienen confianza en Dios, en ellos mismos, ni en nadie, porque nadie les ha dado verdadera confianza. ¿Quién podrá decir los sorprendentes caminos de curación, verdaderos nacimientos que permite vivir la vida fraterna?. La vida en común etapa para construir, friccionar, para desarrrollar, poder y florecer. Por otra parte, los tropiezos vienen por causa de lo que todavía no ha resucitado en nosotros.
Por favor, amigo, nunca dejes que se forme un abseso, que se infecte una llaga. Cuando surge una tensión, cuando estaba un conflicto, háblalo con un amigo de confianza, con tu padre o tu madre espiritual si lo tienes o, en su defecto con aquel que te acompaña.
Diferencias y dificultades son beneficiosas, se desarrollan con el amor y la verdad, por lo tanto, con la paz. En una palabra: compartir la misma pena implica intercambiar una misma misericordia.
La vida en el amor pone al día rápidamente todas esas carencias y fallos que tienes, que tu y yo, quisieramos ocultar o que incluso ignorabamos.
Vàticinus