amigos mios:
Hubo un tiempo en que la Iglesia respondía a los problemas que se le habían planteado apelando, imperturbable, a los recursos de su doctrina y de su vida. Pero hoy,la gravedad del problema de la liberación tiene tal alcance que la fe cristiana y la Iglesia son puestas en tela de juicio. Es a ellas precisamente a las que se piden que revelen su profundo significado frente a una labor que se ha convertido en específica de una humanidad adulta.
Si hay que definir el subdesarrollo no como retraso ni primitivismo, sino como una forma de dependencia, que aquí deriva necesariamente una nueva actitud para los cristianos. Ha terminado el tiempo del "desarrollo" y ha empezado la era de la "liberación", puesto que "la liberación es el nuevo nombre del desarrrollo". Partir de esta situación histórica para reflexionar sobre la fe cristiana no significa limitar el concepto de liberación en el plano económico (aun cuando sea este el eje de las prioridades). La liberación del hombre, en el curso de la historia, exige no sólo unas mejores condiciones de vida, una radical transformación de las estructuras, una revolución social: exige algo más, esto es una nueva manera de ser del hombre, una revolución cultural permanente y para ello hay que saber que la palabra liberación tiene tres significados:
LIBERACIÓN POLÍTICA DE LOS PUEBLOS Y DE LOS ESTRATOS SOCIALES OPRIMIDOS.
LIBERACIÓN DEL HOMBRE EN EL CURSO DE LA HISTORIA.
LIBERACIÓN DEL PECADO, RAÍZ DE TODO MAL, A TRAVÉS DEL ANUNCIO DE UNA CONDICIÓN DE VIDA QUE SEA COMUNIÓN DE TODOS LOS HOMBRES CON EL SEÑOR.

Liberar al hombre del pecado significa no echar encima de él la culpa y los pecados la Institucón que se los guarde y barra su casa antes de señalar pecador a nadie.
Porque la liberación del pecado nos lleva a una invasión de una nueva vida a través de Cristo Salvador.
saludos cordiales
Vàticinus