Mis queridos amigos:
La misión que la Iglesia tiene de anunciar el Evangelio a las gentes, ha llegado a ser también jucio crítico sobre las transformaciones planetarias que están cambiando cualitativamente la cultura de la humanidad. Se va afirmando un mundo nuevo, que junto a elementos confortantes, presenta graves contradicciones que dañan la dignidad humana y cuestionan la existencia mismo de pueblos enteros. No es este el lugar para profundizar las causas que determinan tales situaciones trágicas. Pero no puedo dejar de señalar cuáles son los factores que el beneficio, la tecnocracia, que pretende dictar culturas, estilo de vida y orientaciones religiosas; las estructuras perversas de la economía mundial, que generan inmensos grupos de personas despojadas de todo, la violencia sistemática que se concretiza en la lucha por el poder y deja sobre el campo devastaciones y muertos, y determina emigraciones semejantes a un éxodo. Además, se va afirmando el vilipendio d elos derechos humanos fundamentales de tantas personas, especialmente los niños y de las clases débiles de cada sociedad, como las mujeres, las viudas, los enfermos y, en general, los que no cuentan, considerados como si fuesen la paja seca de la humanidad.
El Evangelio debe tener en cuenta estas realidades, inimaginables al inicio de este siglo que es el nuestro.
Si la Iglesia quiere liderar la defensa de los débiles, tiene que volver su rostro hacia Jesús e imitarlo en todo, pues la Iglesia se encuentra en la frontera de la humanidad. Tiene que abandonar la vida cómoda y salir de esos palacios y los círculos de poder económico. Tiene que hacerse pobre con los pobres y de esa forma tendrá credibilidad.
saludos cordiales
Vàticinus

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