Mis queridos amigos:
Ya sabemos que en todos los continentes la Iglesia no es la misma. Por ejemplo la Iglesia de América Latina en su conjunto ha hecho la opción por los pobres, desde Medellín a Puebla. Constituye el criterio hermenéutico, mayor en su concepción teológica, atendiendo a su relación privilegiada con el Reino de Dios y a la práctica de los profetas del Antiguo Testamento y del mismo Jesús.
Los pobres siguen siendo más pobres, tanto de bienes materiales como simbólicos. Los fracasos que han sufrido los han hecho todavía más débiles, muy próximos a la muerte física y cultural. La pobreza afecta a su tiempo libre, a sus amistades, a su manera de rezar, de pensar y de hablar. El pobre, excluído y víctima, llama a las puertas de la teología de la liberación. Los teólogos, para intepretarlos, recurren a la experiencia de un Dios que se ha revelado a Israel, un pueblo pobre y esclavo en Egipto, en búsqueda constante de su libertad. Esta experiencia se personaliza después en Jesús que se identificará con los necesitados (Mt 25). No es exagerado pensar que el Dios de la teología de la liberación es el Dios de los pobres.
Por ello a los teólogos de la liberación y a quienes les seguimos sin remisión, nos han tachado de marxistas, comunistas y otros epitetos, partiendo de documentos expedidos por la Oficina del Santo Oficio vaticanista cuando el actual papa estaba al frente de la misma.
Saludos cordiales
Vàticinus

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