Queridos amigos:
Pablo es el modelo más amplio que nos ha quedado de ejercicio de autoridad en la Iglesia, es indudable, pero no todos siguen las cosas que dice el Apostol, porque es muy fácil percibir que la apelación mecánica al Espíritu contradice la idea paulina del carisma, la cual ofrece elementos importantes para el discernimiento de los espíritus.
Queridos amigos, del carisma no se puede disponer, no se le puede manipular o encauzar a través de algún tipo de poder sagrado, pues es un don no propio y plural. Y en ese "no disponer de él" experimenta la persona que es un don exterior y no atributo suyo. Precisamente aquellos carismas de los que parace fácil disponer, son los que más desvaloriza Pablo (1Co 14,2ss y 12,10).
El don del Espíritu sólo se da para el bien de la Comunidad, nunca como la propia autoafirmación, como creen algunos. No se trata de una comunión personal con el Espíritu, eso que algunos llaman "yo estoy en estado de gracia", sino de una participación de TODOS EN ÉL. Por tanto, la actuación posterior a la asamblea eucarística no puede contradecir ese deseo apagando el Espíritu (1 Tes 5,9). Así que, la medida en que el carisma edifique comunidad es un importante criterio para discernirlo, aunque no sea el único y aunque la comunidad pueda también empecatarse rechazando el don de su Señor.
Así que, la comunidad eclesial se debe edificar como una unidad en la variedad, en la que el principio de unidad no es un determinado dirigismo por un superior jerarquico, sino que es el mismo Espíritu que reparte los dones (I Co 12,4.11). La idea de Iglesia como cuerpo de Cristo no es utilizada en el N.T. para subrayar la autoridad "de la cabeza", que no, que no es así señores, lo diga quien lo diga, que esto no es así aunque lo repitan todos los dias...la cabeza es únicamente Cristo y no la jerarquía, porque eso es una forma de uniformidad como contraria al Espíritu.
Vàticinus