Mis queridos amigos:
La historia, porque esto si es historia, de la concepción virginal de Jesús no es ni un mito ni un espiritualismo que haga de menos la corporalidad y la sexualidad humana. No es un mito en el que el Espiritu Santo actúe como si fuera un principio generativo que sustituyera a la partenidad biológica habitual, como sucede en la unión de los dioses y mujeres que contempla la mitologñia griega, por ejemplo.
El Espíritu de Dios actúa, más bien, en el plano que le es propio, es decir, como fuerza divina creadora, de la que todo procede, que no tiene necesidad de quebrar las leyes de la naturaleza por él creada, pero que también puede actuar d emodo que las trascienda: "para Dios nada hay imposible". Con lo cual se ve ya que el objetivo de esta acción especial del Espíritu no es evitar la generación humana normal, como si ésta fuera indigna de Jesús o de su madre, por tratarse d eun ámbito impuro o menos bueno, según algunas concepciones espiritualistas piensan erróneamente. El cuerpo humano y sus dinamismos sexuales son, por el contrario, obras del Creador y, por tanto, de por sí, dignos y puros.
Que el Espíritu Santo "cubra con su sombra" a María, no es una expresión de connotación sexual, sino teológica. La finalidad de la acción divina, como en el caso de la nube que "cubría" al Sinaí o la tienda de la teofanía (Ex 40,35), cuando Dios se revelaba, es manifestar la realidad de Dios.
En este caso se pone de manifiesto que el ser humano concebido en el seno de la Virgen madre, pertenece inmediatamente, desde sus orígenes a la divinidad de Dios. Por eso el Creador actúa aquí d emodo trascendente a las causalidades humanas ordinarias: para mostrar la especial y única pertenecencia de la humanidad de Jesús a la divinidad de Dios.
La concepción virginal de Jesús le muestra como Hijo de Dios, en su humanidad, desde la raíz y el comienzo de su ser como creatura. De modo que se puede decir que Jesús no es Hijo de Dios por haber sido concebido virginalmente, sino que, a la inversa, fue concebido virginalmente porque él era Hijo eterno de Dios. Ahí radica precisamente la verdad profunda de su historia: el Lógos, la razón de ser de todo lo que existe, crea, por su Espíritu, un nuevo comienzo, al aparecer en el mundo como creatura humana.
saludos cordiales
Vàticinus

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