Mis queridos amigos;
La carcoma es un bichejo que invade todo lo sano de este mundo.
La Iglesia no podía estar libre de estos bichos que lo destruyen todo.
Son los ortodoxos, los intolerables, los que les gustaría mucho que el Papa mandase un ejército contra el Islám y aplastase a todos los musulmanes que se pusiesen delante como en los tiempos de las cruzadas.
Son los que viven de la Iglesia y se mueven por despachos y sacristías, como lo que son: carcomas infectadas de un mal que les atenazan las gargantas.
Son los casposos que les molesta la felicidad de los demás y viven agazapados creyendose los mejores del mundo y los más cristianos, pero dentro de su alma lo que subyace es el odio por la humanidad entera.
Son incapaces de ser generosos con los otros y solo alumbran su propia casa, porque están impedidos para el amor filial, conyugal o sexual.
De esa carcoma se nutre hoy en día muchos de los estamentos eclesiales y están instalados por doquier, en capillas, parroquias, obispados, conferencias episcopales, discasterios romanos y todo los que les huela a Iglesia.
Juan XXIII quiso terminar con ellos pero vivió muy poco para conseguirlo, Juan Pablo I, lo intentó pero duró muchmenos.
Ahí continúan infectando a la Iglesia sin saber que ellos serán los que les pondrán los cerrojos a la Institución.
Si la Iglesia quiere prevalecer y salir de ese desierto tiene que librarse de esa carcoma que la corroe.
Saludos cordiales
Vàticinus