Un horror.
Centenares de abusos sexuales se estima que ha perpetrado el sacerdote italiano Marco Agostini, de 43 años, contra una veintena de niños de los más de mil quinientos que frecuentaban, confiada e inocentemente, su parroquia. Los hechos que se han contrastado tuvieron lugar entre 1993 y 2004; las víctimas rondaban los 13 años de edad.
La investigación policial fue abierta en 2004 por agentes de la cuarta sección de la Squadra mobile de Roma, cuyo director, Dania Manti, ha ido verificando caso por caso mediante testimonios que se remontan a la época en que Agostini era seminarista en Roma. Bastantes de estos hechos delictivos han prescrito para las leyes italianas.
Dio pie a las indagaciones la denuncia de un chico de 23 años que, tras haberse resistido mucho a declarar, decidió finalmente poner en conocimiento de la policía las violencias sexuales de que fuera objeto por parte del sacerdote. Los mismos agentes de la Squadra, coordinados por Alberto Intini, fueron encontrándose frente a un cada vez más creciente número de abusos y de chicos agredidos, las víctimas del padre Agostini, que ha sido recluido bajo arresto domiciliario por delito de violencia sexual con agravante de reincidencia. La pobre bestia enferma ha sido prendida, y hemos de orar por él y por los niños a quienes martirizó y vejó; el hermano sacerdote delincuente se encuentra finalmente encerrado, pero ¿cuántos más quedan fuera, impunemente abusando de la confianza que depositan en ellos tantos niños y niñas? Apresado el perro, la rabia sigue ahí fuera.
Así mismo, el magistrado de Velletri, Luigi Paoletti, ha adoptado medidas cautelares que afectan a los párrocos de San Michele Arcangelo y de San Benedetto, compañeros de Marco Agostini, por delito de encubrimiento. Ambos sacerdotes, al parecer, estaban totalmente al corriente de las actividades delictivas de su colega, y no sólo silenciaron estos abusos, sino que además intentaron favorecer al detenido durante el transcurso de los interrogatorios a que fueron sometidos por los agentes del orden. ¿Piedad por el hermano enfermo, o vil encubrimiento y, por tanto, complicidad?
¿Qué está pasando en las filas del clero católico?
¿Hasta dónde nos llevará el empecinamiento jerárquico por mantener estrictamente en vigor la disciplina celibataria?
¿Por qué ese silencio culpable de ocultación, cuando la verdad nos hará libres?
¿Cuántos delitos más, cuánto abuso contra inocentes niños, cuánto dolor, tortura y sufrimiento se esconde aún, a la protectora sombra de silenciosos cómplices?
¿Qué solución tiene esta historia criminal? ¿Qué solución tiene este problema?
“Cualquiera que escandalizare a uno de estos pequeñitos que creen en mí, más le valdría que se le atase una piedra de molino al cuello y se le arrojase al mar” (Mc 9, 42).

Recemos por esta bestia para que pueda salvar su alma.

Vàticinus