todo oro lo que reluce, hay que ser lúcidos para comprender la historia pasada.
No vamos a discutir aquí la santidad de Juan Pablo II, que eso está fuera de dudas, ni tampoco si hay que hacerlo santo ya o no, nada de eso. Su vida y su muerte, su entrega de comunicador fue tremenda hasta el último momento....pero la realidad es que ante un escenario como el que tenemos delante en esta Iglesia, parece imponerse una seria reflexión para ver si se puede llegar a algunas soluciones, aunque ya sabemos que estas no son atendidas por las jerarquía, encastillada en su "creemos que lo hacemos bien".
A pesar de todos los viajes que hizo el anterior Papa Juan pablo II, las masas que movía y todo lo mediático con jefes de estados y jóvenes, la secularización en Europa está a todas luces produciendose a marchas forzadas, de hecho hoy asistimos a la "exculturización" del catolicismo y a una Iglesia que cada vez se va marginando sola y enfrentándose a la sociedad (Datos sacados de la Encuensta "Jóvenes 2000).
La cuestión del ministerio presbiteral no podrá ser abordada sin tener en cuenta la situación general de la Iglesia. En ella parece claro que la respuesta a sus graves problemas deberá buscarse en una triple dirección:
la de la conversión personal de los cistianos, incluidos los miembros del ministerio ordenado en todos sus "grados", a la experiencia de la fe; la de una reconversión de las estructuras desfasadas de la Iglesia en la dirección de una mayor transparencia al Evangelio y sus valores; y la de la redefinición de su presencia en la sociedad, a la escucha de la actual situación y como signo de los tiempos, orientada al servicio de los hombres y la colaboración con todos en la busca de respuesta a los grandes problemas de la humanidad, como medio para preparación de la venida del Reino de Dios.
Es probable, y en todo caso deseable, que cuando prestemos atención a lo verdaderamente necesario, cuestiones como la forma de vida de quienes ejercen el ministerio ordenado, el mantenimiento para el acceso a su ejercicio de reglas disciplinarias tenidas por intocables, la posibilidad de la incorporación al mismo de la mujer, y tantas otras de las que se están haciendo un caso "stantis Ecclesiae", aparezcan en su verdadera dimensión de cuestiones prácticas relativas a mediaciones que han de ser resueltas de acuerdo con las circunstancias de la época y las necesidades de las personas a las que la Iglesia tiene la misión de servir.
Saludos cordiales
Vàticinus