Si creo que Dios me ha creado bueno, que Él me quiere y me acepta tal como soy, con mis luces y mis sombras y entonces debo comportarme bien conmigo mismo, lo cual empieza oir escuchar mis deseos y anhelos más íntimos, por agasajarme con lo que me hace bien, es deecir: no maltratar a este cuerpo que tengo ni a esta mente que Dios me otorgó.
Todo esto puede consistir de vez en cuando ¿por qué no? en una buena comida regada con un buen vino. Pero con ello no satisfaré mis necesidades más profundas. Debo escuchar mis deseos y anhelos profundos; debo escuchar en lo más hondo de mí hasta encontrarme con Dios en mi interior y comprender qué e slo que Él quiere de mí.
eso es lo que realmente me hace bien, lo que despierta en mí la vida absolutamente personal y única de la que soy protagonista; la vida que no se rige de mi super-yo; la vida originaria y auténtica. He de concederme esta vida e intentar desplegarla. Una ayuda para ello puede consistir en desarrollar mi propio estilo de vida: un estilo de vida sano, con el que me sienta a gusto; que me haga sentir que me vivo a mí mismo, en vez de ser vivido desde fuera; que soy yo quien configura mi día y mi vida; que vivo en plenitud cada instante, con la totalidad de mi ser y completamente inmerso en lo que hago en este preciso instante; que doy mi forma a todo cuanto llevo entre manos.
El sentimiento de estar siendo vividos desde fuera, de ser traídos y llevamos por otros, determinados por otros, nos llena de descontento. El amor a nosotros mismos consistiría en organizar bien nuestro tiempo y los retos que nos plantea, así como transformar en algo propio lo que viene de fuera. si tenemos la impresión de estar siendo determinados por otros, de correr de una cita a otra, nos sentimos alineados. Algo extraño domina nuestra vida. el amor debe transformar lo extraño en propio.
Si libremente acepto como un reto procedente de Dios un trabajo que me viene impuesto desde fuera, es atarea ya no se me atraganta como un cuerpo extraño que vomitaré en cuanto pueda, sino que se convierte en mi cometido.
Es verdad que el objeto del trabajo que me viene dado es como un bloque de piedra que yo, con mi manera de configurar ese trabajo, puedo transformar en expresión d emi interior. El amor configura y transforma lo dado de antemano, conviertiéndolo en parte de la persona.
Amarse a sí mismo significa aceptarse.
saludos cordiales
Vàticinus