Pues mis queridos amigos, cuando ayer exponía lo del "Como seguir a Jesús", le quedaron a Vàticinus unos pensamientos más amplios, pero para no aburrir a la concurrencia, lo dejé en el tintero...pero ¡pardiéz que si no lo suelta revienta!...veamos pués:

Los seguidores de Jesús debemos ser capaces de poner toda la convicción y fuerzas para el cambio, transformaciones y revoluciones y de decir al final: siervos somos inútiles y sin provecho, lo que teníamos que hacer lo hicimos" (Lc 17,10). Luego vendrán otros que harán lo que ellos tenga que hacer para cambiar lo que nosotros hicimos como un gran logro, tan grande que en su consecusión pusimos en juego nuestras vidas, discernimientos y acciones como hijos de Dios.
Jesús en nosotros no es ya la carne, ni la letra muerta de hace 2006 años, sino Espíritu que vive y actúa, que nos libera para asumir nuestra condición de hijos de Dios libres para ser hermanos y liberar a otros; Espíritu que siempre nos lleva al Jesús histórico en contradicción con el mundano y en cruz, para librarnos de toda ilusión gnóstica o evasiva que se refugia en otros mundos.
Gracias a Jesús, somos capaces de discernir las nuevas circunstancias: Mas cuando los entreguen no se preocupen de cómo o qué van a hablar. Lo que tengan que hablar se les comunicará en aquel momento. Porque no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu de su Padre es el que hablará en ustedes" (Mt. 10,20)...Amigos, no os resistais al Espíritu ni le quiten el poder (que es el de ustedes) de discernirlo todo y quedarse con lo bueno.
Seguir a Jesús es comunicarse con Él, saber lo que Él sabe sobre el Padre, sobre los hijos, sobre las fronteras que dividen y rebajan la dignidad de los otros: de los pobres, de los amaritanos, de las mujeres, de los leprosos, de los del sida, de las prostitutas, de los homosexuales, de los extranjeros, de cualquiera que sea descalificado, en diversos tiempos y lugares.
Seguir a Jesús es afirmar como hermanos a estos últimos (no es sólo tolerarlos) hay que dar la vida por ellos y reconocer sin temor la condición de todos los demás, incluso del "sabado" y de otras construcciones e "identidades culturales" cambiantes; por tanto, sentirse libres para usar esos instrumentos (sin demonizarlos maniqueamente) y los conocimientos, las ciencias, las técnicas, las organizaciones, las costumbres y las tradiciones, las instituciones, para que sean medios de vida. Jesús jamás despreció a los pequeños aportes como intrascendentes para ganar vida, pues el vaso de agua es imprescindible para el sediento y abre las puertas del Reino de Dios. No son desdeñables esos materiales humanos que hemos dicho antes con todas sus reinvidicaciones, ni la falta de vista de los ciegos, ni las heridas de las victimas de los salteadores, ni la falta de empleo o de seguridad social. Todas son circunstancias en las que hoy, ayer y mañana, el hombre en sus creaciones e instituciones son puestos en el dilema trascendente de afirmar o de negar la vida y la dignidad. La técnica, la ciencia y las organizaciones, por mucho que digan, no nos vienen de Jesús; ni siquiera la organización de la Iglesia.
Él nos comunica su Espíritu y la necesidad de comunidad para que sea signo de vida y mensaje y confia a humanos, con sus condicionamientos personales y sociales, la necesidad de institucionalizar y valorar racionalmente si los medios sirven o si lo que ayer fue de vida hoy es de muerte. Él nos comunica la capacidad de discernir lo humano y de afirmar a todo ser humano, no importa que no sea de mi pueblo, de mi raza, de mi religión, ni que sea hombre o mujer o piense distinto.
Seguir a Jesús significa tratar de vivir, como Él, con libertad interior y con verdad.
Saludos cordiales
Vàticinus