mis queridos amigos:
La cuestión es mostrar de una manera sensible que el presbítero ciertamente preside la eucaristía y es vínculo de unidad, pero que lo hace desde una profunda humildad, dese una igualdad radical con todos en los que se refiere a su dignidad ¿cómo?
Se dice, que el presbítero es cabeza de la comunidad en cuanto que representa a Cristom cabeza del cuerpo eclesial...pero no es así...vamos a reflexionar sobre esto...Con esta forma de decirlo o de hablar da pie a elevar al presbítero sobre todo el conjunto dado que la cabeza es la parte "superior" del cuerpo. Se empieza por esto, por elevar a la persona, despues se eleva el altar, la sede, que de pronto se convierte en trono (mirad en todas las iglesias) y para redondear el tema se le pone un baldaquino para las misas de pontificales.
Aquí la renovación de la teología actual, la que tiene que liberar, ayuda a vencer estas tentaciones de grandeza.
Es doctrina admitida hoy por todos que ni Pablo ni las comunidades propiamente paulinas llamaban a Cristo cabeza de la Iglesia, ni lo contraponían a ésta como a su cuerpo, nada de eso.
Son los textos mucho más tardíos, escritos por discípulos y varias generaciones posteriores, los que escriben en una terminología nueva, por ejemplo Colocenses, 1,18; 2,10.19; Efesios 1, 22.
La carta a los romanos y la primera a los corintios que sí son cartas directamente paulinas, al hablar de la Iglesia como cuerpo de Cristo no dicen que éste, Cristo, sea la cabeza, distinta de los otros miembros.
Enseñan que Cristo se identifica con todos los miembros del Cuerpo, es decir con los pies, los brazos,las manos, la cabeza...(Rom 12,4-5: 1 Cor 6,15; 12, 12).
Es la gran tradición que podemos ver en los Sinópticos..los Evangelios de Lucas, Marcos y Mateo, del Cristo identificado con los más humildes y pobres.
Este y no otro es el fundamento de la igualdad cristiana, nada de palacios, nombramientos ni presidentes.
Identificados todos con Cristo, todos somos iguales a él e iguales entre sí. Cristo se da a todos y se entrega a todos por igual y hace iguales a todos con su persona, así como en las relaciones mutuas de unos con otros, de unas con otras.
Una vez recuperado este contexto se puede integrar la doctrina pospaulina de Cristo como cabeza de la Iglesia y la enseñanza sobre el presbítero como signo de esa capitalidad.
A la luz de la tradición más primitiva es posible soslayar el peligro de la GRANDEZA y la MEGALOMANÍA; es decir, de lo que hoy llamamos clericalismo o clericalización de la liturgia y por supuesto de la Eucaristía...hay que obviar en las iglesias, casa del Pueblo de Dios, donde solo debe presidir Cristo, esos sitiales dorados con baldaquinos, pues estos no es más que la prepotencia que no desea Cristo por ninguno de los conceptos.
Saludos cordiales
Vàticinus