Querido Hermano José:
De nuevo me permito escribirte a raíz de la Carta Encíclica que has publicado el día 25 de Enero de 2006, el día de la Conversión de San Pablo.
Te sigo llamando hermano porque los cristianos debemos llamarnos así ¿o no?...claro que algunos cristianos suben tan alto que es imposible hablar con ellos.
¡Qué diferencia de cuando yo tenía 21 años y andaba por los pasillos de la Universidad de Münster en aquel invierno frío de 1963!
Entonces me acerqué a ti, que marchabas distante, sonrisa a medio iniciar, adusta, por el frío pasillo, e intenté hacerte una pregunta, pero como ya Vàticinus tenía fama de agitador de conciencias, no frenaste el paso, a contrario lo aceleraste, balbuciste unas palabras que creí entender que no tenías tiempo que te esperaban ¿en la cancillería?...¿no sería que ya apuntabas algo de lo que la historia te ha deparado? además, que como no era un clérigo, te suponía mucho discutir aquello con un seglar corriente y moliente, ¿para qué querrá este estudiar estas cosas?..supongo dirías, aunque la verdad no se que pensabas, porque jamás has dejado traslucir tus pensamientos íntimos y haces bien, que después todo eso se paga en bajadas de escalafón.
¡Lástima porque Vàticinus necesitaba algo!....me supongo que no sería una falta de amor por tu parte el no poderlo atender en ese momento…de verdad que no me lo creo, es mucho dudar de tu buena fe…pero….
Verás hermano José, tengo que confesarte que he leído tu Carta-Encíclica con mucha atención, no me descubres nada nuevo, ya todo viene en el Evangelio, pero haces bien en difundirlo y dejar las cosas claras…porque las Palabras de Cristo hay que vocearlas a diestro y siniestro, pero te sale algo de tu anterior cargo de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antigua Santa Inquisición) y es el doble juego de palabras a lo que tan dado sois los altos cargos de la curia vaticana…..
En tu Carta-Encíclica “Deus caritas est” (Dios es amor)…dices en un momento dado que “cualquier ser humano necesita una entrañable atención personal…..”, te aseguro, hermano José, que me ha sorprendido, porque no pensabas así años atrás cuando al Obispo de Brasil don Pedro Casaldáliga, lo hiciste comparecer en el Vaticano ante ti con una “carta sin firmar”…claro que al ver reflejada en su mirada la verdad del Evangelio, no te atreviste a sancionarlo o proponer su dimisión…otros obispos tuvieron peor suerte ¿verdad?..el Obispo de Paris Gaillot, a este pobre obispo le cayeron todas las sanciones en el año 1993 (ya se que fue el cardenal Gantin quien lo desfenestró tu solo eras uno más allí con voz y voto), por ser Evangelio puro, pues se ponía al lado de homosexuales, lesvianas y prostitutas, como había hecho Jesucristo en otro tiempo.
Después se que algunos sacerdotes secularizados han querido que fueses su valedor ante Juan Pablo II, tu antecesor, pero muchos han esperado inútilmente una cita por parte de tu secretario en tu antiguo despacho ¿temías perder la hegemonía ante el Papa?...posiblemente no habrías hecho carrera, ni te habrían nombrado “in pectore” para la sucesión….aquellos hombres solo querían vivir en paz, es decir con sus esposas…algunos de ellos, fieles creyentes y militantes en la Iglesia Católica, tuvieron que casarse en la Iglesia hermana Anglicana, porque no había forma de dar una dispensa ¿ por qué?.
Ahora hablas “de que cualquier ser humano necesita una entrañable atención personal”…posiblemente hayas repasado todas estas demandas y has sentido en el momento de que tus colaboradores te han escrito el borrador del documento, que nunca es tarde si la dicha es buena y lo has sugerido y ha salido impreso muy bien.
Hecho en falta en la Carta-Encíclica, algo de amor hacia personas que son del mismo sexo y se unen por amor…no me refiero a la corporeidad, no me refiero al “eros” que tanto repites en tu Carta-Encíclica…me refiero al acogimiento cristianos de estas personas, que no van a ser clérigos, solo personas de la calle, normales…porque la homosexualidad no es un defecto, ni una enfermedad, en eso creo estarás conforme conmigo…veladamente has lanzado dardos hablando mucho de la familia…lo que te alabo, yo formo parte de una familia cristiana…pero fíjate, hermano José, que la Iglesia es MADRE y se ha olvidado de dar algo de amor a esas personas, algunas muy creyentes, que se ven “materialmente aplastados”, porque no quieren “pecar” y no quieren “ser célibes”, sencillamente porque no van a ser sacerdotes, que es a los únicos que se les pide este requisito, eso sí, en el Decreto sobre los futuros sacerdotes o seminaristas homosexuales, se dice que si un aspirante al sacerdocio lleva ya tres años sin hacer el acto sexual, puede ser ordenado…y ¿Quién va a decir que ha hecho sexo con alguien y perder su carrera?, porque la carrera eclesial algunos la tienen como meta de algo en la vida y les importa muy poco su conciencia ¡total no la ve nadie!...pero esas personas que piden que se les aclare su conciencia moral se quedan con una Carta-Enciclica que no les aclara nada y se debaten entre la moral de nuestra Iglesia y su raciocinio y claro si dices en tu carta que la fe cristiana pone el amor en el centro de todo ¿cómo se queda atrás esto?....es que verás también hablas de que “el amor promete infinidad, eternidad, una realidad muy grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana. Pero, al mismo tiempo, se constata que el camino para lograr esta meta no consiste simplemente en dejarse dominar por el instinto”
¿Es que se presupone que estas personas, no enfermas, se dejan dominar por el instinto?. ¿No habrá algunas que se han dejado dominar por el amor?...es que verás, hermano José, dentro de la persona nada más que hurga Dios…porque en otro lugar se da la grandilocuente frase: “quien quiere dar amor debe, a su vez, recibirlo como don” y esto la verdad me parece bien ¡magnífico!...volvemos a lo mismo…algunas personas pueden amar profundamente a un amigo o amiga, de su mismo sexo y no llegar a la corporeidad…¿no es esto algo hermoso y querido por Dios?.
Dices, hermano José, que después de haber reflexionado sobre la esencia del amor has sacado en consecuencia que “Hay que dar amor a Dios y al prójimo”…algunos no parecen el prójimo y también hablas de “una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma”…..
Hay que acercar a todos a esa mesa eucarística, a todos, sin faltar ninguno…porque la Eucaristía es amor, es lo que Cristo nos dejó en herencia…una herencia de amor, pero que algunos no saben administrar…”haced esto en memoria mía” y extendió la mirada y los brazos a aquellos amigos que nos representaban a todos…a toda la humanidad…por eso, hermano José, creo que has olvidado hablar del amor en todas sus vertientes.
Perdóname que sea tan crítico y como dicen algunos, tan malévolo y tan “rata”, pero ya sabes que desde muy pequeñito apuntaba estos modales que aprendí de Cristo…si, si, ese hombre de Nazaret, que me enseñó que para encontrarme con Dios, necesito abrir los ojos ante mi prójimo, porque es el único camino para encontrarme con Él, porque cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios.
Saludos cordiales,
Vàticinus
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