La cultura actual, como dicen los sociólogos, es una cultura del sujeto, una cultura que valora la autonomía de la persona, su diferencia, su singularidad propia. Lo que promueve nuestra cultura, al menos como ideal, es la posibilidad de que cada individuo pueda desarrollarse según su deseo, determinarse a sí mismo, forjarse sus propias convicciones personales, al abrigo de todo alistamiento e indoctrinación.
El "ser uno mismo", se presenta hoy como un derecho y una aspiración inmediata.
Hasta los niños desde su más tierna infancia son iniciados en la libertad, porque esto es un derecho de la persona. En la familia, en el colegio se les invita a hablar, a expresarse libremente, a sopesar las cosas y tomar las decisiones que les conciernen.
En el pasado el Estado y la Iglesia querían dirigir a la persona de tal forma que esta se encontraba encorsetada y no tenía libertad.
Muchas de las patologías que tienen algunas personas mayores, dicen los psicólogos, que es producto del dirigismo de ambas instituciones, llegando incluso a los terrores en los muy ancianos, de tal forma que las patologías cada vez están mas extendidas.
El Estado, daba unas normas de civismo muy estrechas, no existía más polítics que la emanaba de él y si hablamos de la Iglesia, el terror al pecado y al demonio estaban a la orden del día, llegando a tal el hecho de que personas mayores quer ahora hablan recuerdan que en unos ejercicios espirituales les llegó incluso a dar fiebre por el terror que el orador "santo" les producía y esto no es una persona o dos, son miles las que cada día en las consultas hacen el mismo relato de su infancia.
En cuanto a la evangelización de antaño la cosa era muy terrible, pues apartando a ese Cristo de amor, aparecía enmedio de toda la pedagogía religiosa el Dios castigador o para endulzar el tema las estampitas edulcoradas y de colores pueriles de un Cristo de "cine" en vez del Cristo Hombre y normal.
Para hacer libres a las personas lo primero que hay que haces ante todo RESPETAR SU INTELIGENCIA.
En segundo lugar: MANIFESTARLE UNA CORDIALIDAD INCONDICIONAL
En tercer lugar: RESPETAR EL CAMINO DEL OTRO, porque es un ser humano y es un ser digno de su propia historia...pero aquí se nos presenta un problema.
¿Cómo hablarle de la fe sin prescindir de este respeto?
Hay un solo modo de hablar de la fe presentandola como un bloque compacto, perfectamente acabado, de "lo tomas o lo dejas", tu eres libre.
Cuando esto ocurre, lo que queremos es atraer al otro hacia nosotros para que se convierta y crea como nosotros.
Se trata de metertle el mensaje del interlocutor como si fues eun vacío que hay que llenar, pero aclarándole que es suya la decición de llenarlo o no.
El Testigo del Evangelio, en este caso, expone su propias convicciones sin miedos ni rodeos, pero dejando siempre al otro la libertad de trazar, paso a paso, su propio camino, su propio porceso.
De esta forma haremos hombres y mujeres, cristianos y cristianas libres y responsables.
Saludos cordiales
Vàticinus