Todas las enseñanzas de Jesús están impregnadas de alegría. el Reino de Dios libera a los hombres y les hace vivir plenamente la vida. Jesús dice a sus discípulos que, incluso cuando ayunen, deben hacerlo con espíritu de fiesta y ungirse con óleo, y no ir por ahí con cara tristona, como suele hacer la mayoría de la gente. Entre los judíos del tiempo de Jesús, ser bueno y obedecer a la ley de Dios solía ir acompañado de gestos sombríos y tristes. Los dirigentes religiosos refunfuñaban de que Jesús fuera alegre y se encolerizaron cuando la multitud acogió a Jesús en Jerusalén con gritos de alegría.
Esos dirigentes eran como el hermano mayor, de agrios sentimientos, que aparece en la parábola del hijo pródigo. Pero el padre del muchacho arrepentido y perdonado dice: "Teniamos que hacer fiesta y estar contentos porque tu hermano estaba muerto pero ahora vive, porque estaba perdido pero ahora ha sido encontrado".
Dios se alegra de toda persona que regresa el hogar, que vuelve a Él y se alegra de todo el que se arrepiente de hacer daño a otro, de insultar y vilipendiar y molestar a los demás.
Saludos
Vàticinus

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