LOS DOGMAS
Mis queridos amigos:
El cristianismo comienza con el Evangelio de Jesús de Nazaret, no con los dogmas de la Iglesia. Sin embargo, éstos han suplantado con frecuencia a aquél y se han convertido en el centro de la fe cristiana. La defensa de los dogmas a ultranza ha desembocado en fenómenos tan poco evangélicos como la Inquisición, los autos de fe, el índice de libros prohibidos, la resistencia de la Iglesia a los avances científicos, la oposición a las libertades modernas consideradas “libertades de perdición”, etc. No es de extrañar, por tanto, que muchas personas hayan llegado a ser un obstáculo insalvable para acceder al Evangelio y asumir su fe cristiana. Entre la alegre nueva de la libertad de los hijos de Dios y el dogma, ven muchos un profundo abismo. Y no porque tenga que ser necesariamente, sino porque históricamente lo ha sido, y eso puede resultar ruinoso para el cristianismo.
Es verdad que los dogmas no son la única expresión de la fe, pero sí han sido en los diferentes contextos socioculturales y siguen siéndolo hoy, uno de los cauces a través del que se ha transmitido el mensaje cristiano y se ha formulado la verdad del cristianismo.
Los dogmas tienen un lugar significativo en la comunidad de creyentes y un papel relevante en el quehacer teológico. De ahí la necesidad de reflexionar aquí sobre ellos con perspectiva histórica y con sentido crítico.
Siempre Vàticinus ha dicho: que por encima de Cristo y del Evangelio, nada ni nadie, ni dogmas hechos por hombres, ni papas, ni cardenales, lo primero CRISTO Y SU EVANGELIO, QUE CUANDO LO HAYAMOS PUESTO EN MARCHA VERDADERAMENTE NO MINTIÉNDONOS A NOSOTROS MISMOS, PODREMOS HABLAR CON CLARIDAD DE DOGMAS Y JERARQUÍAS ECLESIASTICAS, PERO MUCHO MÁS HABLAREMOS DE UNA IGLESIA MINISTERIAL TODA ELLA.
Saludos cordiales,
Vàticinus
